¿Sabes si estás realmente enamorada?

 

Lo llamamos simpatía, pero en sinceridad es un irreprimible cóctel de sustancias químicas el que hace que nuestro cerebro se enamore. “Creemos que estamos eligiendo. Pero sólo podemos ser las felices víctimas del hermoso plan de la naturaleza. Lo siento, no es coito, es química”, explica Enrique Cuerpo, director de D’Arte Coaching y Gente Brillante.

De hecho, tal como cuenta el habituado, los psicólogos han demostrado que tardamos entre 90 segundos y 4 minutos en osar si alguno nos gusta. Eso sí, a la hora de puntualizar si será o no será un sexo de verdad, aconseja conocer la teoría de Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers que ha estudiado el sexo romántico desde un punto de apariencia estudiado durante casi 30 abriles. Así, estas son las tres etapas del simpatía: lascivia, entretenimiento y apego.

Tres etapas del aprecio:

  • 1. Deseo. Esta es la primera etapa del simpatía y es impulsado por las hormonas sexuales testosterona y estrógeno – en hombres y mujeres.
  • 2. Entretenimiento. Este es el momento asombroso donde el sexo nos golpea con dureza y no podemos pensar perfectamente. Los científicos piensan que tres neurotransmisores principales están implicados en esta etapa: Adrenalina, dopamina y serotonina.
  • Adrenalina. Las etapas iniciales de la conexión con alguno, se activa nuestra respuesta al estrés, aumentando los niveles en la parentesco de adrenalina y cortisol. Así no es de desterrar que empecemos a sudar, tener palpitaciones y la boca sequía.
  • Dopamina. Helen Fisher pidió a las parejas enamoradas que se les examinara el cerebro y descubrieron que tenían altos niveles del neurotransmisor dopamina. Este producto químico estimula el deseo y la premio provocando una intensa oleada de placer (básicamente lo mismo que al tomar cocaína). A su vez vemos un aumento de la energía, menos penuria de yacer o comida, atención enfocada y deleite exquisito en los detalles más pequeños de esta nueva relación.
  • Serotonina. Una de las sustancias químicas más importantes, que puede explicar por qué cuando te estás enamorando, tu enamorado aparece en tus pensamientos.
  • 3. Apego. Es el vínculo que mantiene a las parejas juntas el tiempo suficiente para tener y criar a los hijos. Los científicos piensan que podría tener dos hormonas importantes involucradas en este sentimiento de apego: Oxitocina y vasopresina.
  • Oxitocina. Todavía emplazamiento la hormona del manoseo, es liberada por hombres y mujeres durante el clímax. Probablemente profundice los sentimientos de apego y haga que las parejas se sientan mucho más cerca una de otra posteriormente de acaecer tenido relaciones sexuales. La teoría dice que cuanto más sexo tiene una pareja, más profundo se vuelve su vínculo. Esta hormona parece ayudar a cementar el resistente vínculo entre mamá y bebé y se libera durante el parto.
  • Vasopresina . Llamamiento “la sustancia química de la monogamia”. Ciertos investigadores han observado que la supresión de vasopresina puede provocar que los ‘machos’ abandonen su techo de acto sexual y busquen nuevas compañeras.

Los amantes a menudo idealizan a su pareja, magnificando sus virtudes y reduciendo sus defectos. Adicionalmente, las nuevas parejas exaltan la relación misma. Y lo cierto es, que como explica Enrique Grupo, los psicólogos piensan que necesitamos esta visión tan idealizada. “Nos hace querer permanecer juntos para entrar en la futuro etapa del aprecio, que es el apego”, cuenta.

Tras sobrevenir estas tres etapas, podemos entender dónde está la relación, dónde queremos que vaya, y en qué medida es una relación entre dos personas sanas, o en sinceridad estamos buscando en el otro tapar nuestros vacíos. Es, como revela Comité, el momento en el que entra nuestra reflexión y responsabilidad.

Con los cinco sentidos

“El cerebro decide en función de lo que cree, no de lo que ve”. nos cuenta la psicóloga y sexóloga Silvia Sanz, con quien repasamos en qué medida influyen los sentidos a la hora de enamorarnos.

¿Cómo nos influye el intuición? Tal como explica la experta, aunque tenemos un sentido del perspicacia que no está excesivamente desarrollado, el organismo segrega unas sustancias a través de la piel, denominadas feromonas, que envían señales inconscientes que pueden ser de interés sexual. Las feromonas producen reacciones químicas placenteras y se perciben a través del intuición. “Cuando una persona segrega gran cantidad de feromonas, decano será el interés que despierte en otras. Este olor es imperceptible. Pero juega un papel muy importante en el selección de la seducción y regulan la afección. La química muchas veces es instantánea”, argumenta Silvia Sanz.

Y la vistazo, ¿incluso es determinante? Si existe esta química entre dos personas, se da desde la primera examen. Y es poco que se puede reflectar en la dilatación de las pupilas. Sus cerebros segregan dopamina, el sistema endocrino segrega adrenalina, lo cual hace que la linaje fluya mas rápido de lo común y cause esa sensación de ‘mariposas en el estomago’. Y aún hay más, porque, como cuenta la sexóloga, ese fluir la raza por todo el cuerpo hace que nos sonrojemos.

Otro negociador que puede influir a la hora de tomar una atrevimiento es la imagen visual del otro, pues a veces tenemos prejucios a la hora de tomar decisiones de cualquier tipo, y la disyuntiva de pareja no es una excepción. En ocasiones se produce a nivel inconsciente, pues de un modo biológico nos atraen los rostros mas simétricos (o todo lo contario) o rostros que de alguna forma nos resulten más familiares o mas reconocibles. Tambien nos afectan las experiencias pasadas buenas y malas e incluso la educación que hayamos recibdio, que puede condicionar nuestra respuesta cuando sentimos propensión por cualquiera.

En conjunto estos procesos producen actitudes de predisposición semiautomática y en gran parte incontrolable a la hora de tomar una osadía tan importante como casarse (o convivir, o unirse de alguna forma, en función de cada pareja), con una persona con la que, en principio, puedes ser compatible en distintas áreas. Así, tanto la química como los prejuicios pueden afectar a la sufragio.

Si lo pensamos admisiblemente, como asegura la experta, en verdad no te enamoras de la persona que tienes en frente, sino que te enamoras de lo que tu imáginas que es esa persona, te la inventas. En definitiva, el cerebro decide en función de lo que cree, no de lo que ve. Es opinar, vemos el mundo según creemos que hay que verlo y aquí entran en descanso nuestros prejuicios y el modo en el que creemos que tiene que ser nuestra pareja ideal.

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